El yoga trabaja principalmente tres aspectos o campos: cuerpo, mente y espiritualidad.
1. Cuerpo. No es necesario estar en una excelente forma física para realizar yoga. Se puede realizar, aunque únicamente se puedan mover los dedos de los pies y de las manos. El yoga siempre será adaptable a la persona y cuando esté conseguida la flexibilidad corporal, esta misma hará posible que la mente también lo sea. A través de las posturas, que tratan de flexibilizar las estructuras, conseguiremos aumentar la fuerza y el tono muscular. Los estiramientos producen masajes a las estructuras rígidas y bloqueadas. Las contracturas crean tensión externa (músculos) e interna (en los órganos).

2. Mente. Si la mente está tranquila, nuestros sistemas y órganos funcionarán mejor. Conseguiremos centrar nuestra mente en los aspectos prioritarios, dejando en un segundo plano situaciones que nos mantienen enfadados o preocupados
gran parte del día. En las clases suelo contar: «en la actualidad somos bombardeados de exceso de información y nuestra mente va saltando de una idea a otra». El control de la mente y conseguir dirigirla es uno de los grandísimos beneficios que puedes incorporar a tu vida con el yoga.

3. Espiritualidad. Somos seres espirituales, viviendo una experiencia humana. Haciendo yoga conectamos con nuestra espiritualidad, consiguiendo comprender los aspectos elevados del ser. La conexión con el mundo, con la vida, se consigue si previamente estableces la conexión hacia ti mismo (cuerpo-mente). La disciplina es una actitud o valor que no está vinculado a ninguna religión, más que a la conexión de uno mismo y de la vida.
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